Reportaje de Anayra Maldonado sobre el «aborto clandestino» en Sevilla

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José Ángel Lozoya Gómez, cofundador de la primera clínica de aborto en Andalucía | La Voz del Sur

El derecho ‘intocable’ con una historia clandestina

En España los primeros grupos de aborto clandestino surgieron en el 1979, hasta que se legalizó la práctica en 1985

Sin tener una licencia médica, José Ángel Lozoya Gómez decidió practicar abortos clandestinos para atender la necesidad de las mujeres españolas en un tiempo cuando abortar era jugarse la vida

 

Anayra B. Maldonado Quiles | Sevilla

La primera vez que José Ángel presenció un aborto fue en su propia casa. Le había dejado su piso a una amiga que pertenecía al grupo de feministas pioneras en practicar abortos ilegales como forma de imponer el derecho a abortar en España. La escena se producía en una Valencia de 1979, durante un tiempo de transición democrática española “en la que todavía no se sabía hasta dónde llegaban las libertades que estábamos conquistando”.

“El aborto es la reivindicación que más capacidad tiene de unir a todas las corrientes feministas”, declaró José Ángel en una entrevista mientras disfrutaba de un refrescante zumo de naranja.

Ninguna de las chicas que formaba parte del grupo era médica. Las feministas recibían a las mujeres que buscaban abortar y, dos o tres veces en semana, se trasladaba a Valencia una mujer marsellesa para practicar los abortos.

‘La francesa’, como le llama José Ángel, tenía interés en que todo el que quisiera aprender a practicar un aborto lo hiciera, en caso de que surgiera alguna situación que le impidiera llegar hasta Valencia. La segunda vez que José Ángel prestó su piso, ‘la francesa’ lo invitó a la sala donde estaba practicando el aborto. “Me pareció una cosa muy sencilla”, recordó José Ángel, que había escuchado a su madre contarle de abortos que habían tenido unas vecinas suyas en Valencia, de los que se practicaban “con una aguja de media, de estos peligrosos en los que te jugabas de verdad la vida”.

Delante suya, observó a una mujer acostada sobre una mesa cubierta con sábanas limpias y a ‘la francesa’, que estaba moviendo una cánula dentro del cuello del útero de la mujer. “Por ahí salía una cosa que parecía como gelatina y, a veces, con una manchita roja”. ‘La francesa’ estaba utilizando el método de aspiración, que para entonces era la manera más segura de abortar. Después de 5 a 10 minutos, tiempo que duraba un aborto, “la mujer saca la cánula, quita la pinza con la que tenía sujeto el cuello del útero y… ¡Ya está!”, exclamó José Ángel, “¡Que entre la siguiente!”.

Pronto, ‘la francesa’ y el grupo de feministas le extendieron una invitación a José Ángel para formar parte del grupo. Así lo hizo hasta que un conflicto interno causó la separación del grupo. Fue así como José Ángel y dos de sus compañeras decidieron trasladarse a Sevilla y abrir la primera clínica de aborto en Andalucía.

El aborto clandestino llega a Sevilla

Escogieron Sevilla por varias razones, entre ellas el hecho de que ya había tres grupos que practicaban el aborto clandestino en Valencia. Eran los únicos en toda España. “Era hasta peligroso porque si la policía hacía una redada y caía Valencia, ese recurso desaparecía”.

El traslado requirió que una de las compañeras fuera hasta París para conseguir los materiales necesarios, porque en España no existían. También requirió ponerse en contacto con las organizaciones feministas y de izquierdas de la zona para que supieran que en Sevilla pronto habría una clínica de abortos clandestinos.

Aborto Clandestino
José Ángel, a la izqda, junto a otros seis de los ocho procesados por ‘Los Naranjos’. | EL TOPO

La clínica de Los Naranjos, ubicada a los pies de la Giralda, se estableció en enero de 1980. Sin embargo, no era en ese piso donde se practicaban los abortos. “No era allí… no por que no te detuvieran…” aclaró José Ángel, para quien ser detenido y la posibilidad de enfrentarse a 6 años de cárcel por aborto no eran una novedad; él había sido detenido por cosas peores durante la dictadura. “Era por que no te detuvieran mientras lo estabas haciendo”. El piso junto a la Giralda servía como punto de referencia donde llegaban las mujeres que querían abortar y se les orientaba sobre el proceso. “Si te detienen a mitad de hacerlo, y tienes que interrumpirlo, esa mujer se queda con una hemorragia” declaró alzando las cejas. “Eso era lo que no podíamos permitir nosotros”.

Una situación humanizada

A la clínica llegaban mujeres de todas las edades fértiles: niñas que vivían con sus padres y viudas que vivían con sus suegros; mujeres casadas y mujeres solteras. Las recibían en grupos de tres para mejorar la atención que les daban y no levantar sospechas. Normalmente había al menos una sevillana en el grupo que ponía su piso como lugar en que se practicaban los abortos. Se atendían mujeres hasta la semana 12 de gestación y el aborto tenía un costo de 8 mil pesetas. El aborto por aspiración, que era el método que utilizaba el grupo, no era viable después de las 12 semanas a causa de la osificación del feto. “El método más seguro del mundo se convertía en un método muy peligroso a partir de la semana 12 de gestación”, enfatizó José Ángel.

La idea de un aborto clandestino no se asociaba con cosas bonitas. En muchas ocasiones, recurrir al aborto era resultado de situaciones de angustia y peligro, como el caso de una mujer que al compartir la noticia del embarazo con su pareja, un policía, se encontró con el ultimátum de que “si no abortas, te lo quito yo a patadas” mientras una pistola le apuntaba al vientre. Por otro lado, imaginaban que, al llegar, se encontrarían con un ambiente de terror digno de sus peores pesadillas. Gran sorpresa se llevaban cuando las recibía un grupo de jóvenes que les mostraba cariño, atención y empatía. “Era muy frecuente la sensación de que ella se estaba enamorando de ti y tú te estabas enamorando de ella”, confesó José Ángel. Aunque los cinco a diez minutos que duraba el aborto eran duros, la mujer que iba a abortar se encontraba en una situación humanizada. “Ellas están abortando en ese momento, tú les estás haciendo el aborto, nos estamos mirando, ellas te están mirando como quien les da la vida y tú estás tratando, por todos los medios, de procurar que ella esté tranquila, que se relaje”, rememoró José Ángel, quien las consolaba diciendo “que ya queda poco, que lo peor ya ha pasado”.

“Ellas te están mirando como quien les da la vida”

Cuando los detuvieron en la clínica después de nueve meses practicando abortos, el grupo de Los Naranjos había ayudado a 432 mujeres (de todas las 50 provincias de España, y una que otra extranjera). Al menos esta es la cifra que documentó el fichero de la policía. Después del suceso, ninguno del grupo volvió a practicar un aborto. Cuándo a José Ángel le preguntaban por qué practicaba abortos, si no era médico, él respondía diciendo “porque no los hace ningún médico”, y afirmaba que “el día en que los médicos practicaran abortos sería el día en que él parararía”.

En 1985 se legalizó el aborto en España. A José Ángel le ofrecieron la oportunidad de dirigir una clínica, pero los ritmos y métodos de trabajo hospitalarios no eran para él, como afirmó al hablar de “ese típico médico que no te mira ni a la cara”.

La clínica de Los Naranjos atendió a 432 mujeres que llegaron de todas las provincias españolas

El aborto ahora

De ser un acto clandestino antes de la década de los 80 el aborto pasó a ser reconocido como un servicio esencial durante la pandemia del COVID-19. Actualmente España cuenta con una ley que le garantiza a las mujeres un aborto confidencial y privado, y financiado por el Servicio de Salud Pública, ya sea en un centro de salud público o en una clínica privada. Así lo confirmó Eva Rodríguez Armario, vicepresidenta de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (ACAI) y directora médica de Ginesur, una clínica privada en Sevilla.

“Yo creo que ahora mismo, si en España se prohibiera el aborto, habría una revolución”, afirmó con certeza y esperanza. “La gente está tan acostumbrada a que lo puede hacer, sobre todo la gente joven, y no me imagino yo que ahora de pronto no se pudiera hacer”.

Aún con una ley que garantiza un aborto seguro y accesible para quien lo necesite (aunque existen obstáculos que lo dificultan en diferentes comunidades autónomas y el estigma social

permanece), existe una preocupación entre expertos como la doctora Rodríguez Armario, que han visto la evolución del aborto en España. “Creemos que de aquí a unos años, el aborto instrumental va a desaparecer”, declaró la directora médica.

“Va a ser una pérdida muy importante para las mujeres y los derechos de la mujer”

José Ángel formó parte de un grupo que comenzó una batalla difícil que hoy en día sigue copando titulares de prensa. Aún sabiendo los riesgos que presentaba practicar abortos clandestinos su único objetivo fue ayudar. Según fuentes del Ministerio de Salud en 2021 fueron más de 90.000 mujeres las que decidieron y pudieron abortar en España. Y, aunque el aborto sigue siendo un tema estigmatizado en la sociedad española, José Ángel aseguró que el aborto es el tema del que no se habla, “pero que no nos lo toquen”.

La disminución de abortos insturmentales frente a abortos farmacológicos va dejando a profesionales de la salud que practican abortos instrumentales y están por jubilarse sin “relevo generacional” y creando problemas de proveedores. “Está empezando a haber falta de cánulas de aspiración porque se consumen menos y a las empresas no les interesa”.

Cuando este grupo de profesionales, muchos cerca de retirarse, aboga por la importancia del método instrumental, se les acusa de que lo hacen por intereses económicos. “A mí me pagan lo mismo”, declaró Eva descartando esta denuncia, y a la vez recalcó que está por jubilarse. Más de 30 años de experiencia le han dejado claro que “las mujeres lo que quieren es tener un aborto rápido, seguro y que no sea consciente del aborto” y reconoció que el método farmacológico “es lo opuesto”.

La directora médica teoriza que es la industria farmacéutica la que tiene intereses económicos con la práctica del aborto. Cuando Eva se integró a la FIPAC (International Federation of Abortion and Contraception Professionals), la mayoría de los abortos que se practicaban eran abortos instrumentales. Ahora, señala que “el único laboratorio que pone dinero en los congresos de la FIAPAC y paga a los miembros de la FIAPAC para publicar y estar en los congresos es el laboratorio de la mifepristona. ¿Qué pasa? Que ahora solo se habla del aborto farmacológico en la FIAPAC”.

“Vamos a terminar con que no haya personal ni haya material para hacer abortos instrumentales como la cosa siga así. Y yo creo que eso va a ser una pérdida muy importante para las mujeres y los derechos de las mujeres”.