El aborto clandestino en Sevilla

Foto cedida por JA Lozoya
José Ángel Lozoya Gómez | Foto cedida por JA Lozoya

En España hoy en día, si una mujer se enfrenta con un embarazo inesperado, puede conseguir un aborto, pero no siempre era así. Sin embargo, hace casi 40 años José Ángel Lozoya Gómez fue parte del movimiento que intentó asegurar que las mujeres tuvieran libertad reproductiva.

Paige Mackenthun 

“El aborto no era algo que buscaba, pero que me encontraba”. José nunca pensaba en entrar en la lucha por el derecho al aborto. Sin embargo, a la edad de 27 años, sin educación formal como médico, él empezó a realizar abortos en Sevilla. Ya que el aborto no se legalizó hasta 1985, él y sus otros compañeros tuvieron que operar su clínica de manera clandestina para protegerse a sí mismos y a las mujeres que acudían a ellos en busca de poder realizarles un aborto.

José Ángel Lozoya Gómez | Foto cedida por JA Lozoya

José siempre había estado involucrado en el activismo, comenzado lo que sería una extensa carrera en el sindicato de metalurgia en Holanda. Después, durante la dictadura de Franco, él formó parte de la organización de la oposición antifranquista en Europa.

Cuando la represión y la brutalidad que caracterizaba el franquismo terminó con la muerte de Franco en 1975, “la gente que había luchado contra Franco ahora buscaba nuevas maneras de ampliar las libertades en la sociedad española”, José me explicaba por videollamada durante un día soleado en octubre. Como tal, él siguió diciendo, “el feminismo en España como movimiento social empezó a ganar impulso”.

“El aborto no era algo que buscaba, pero que me encontraba”

En 1979, se había formado un grupo de mujeres que realizaban los abortos clandestinos en Valencia y, un día, una amiga le preguntó a José si podía utilizar su piso para hacerlos. Ya en este momento, su participación y el involucrarse era arriesgado. El aborto estaba muy criminalizado, tanto que el simple acto de proporcionarle a una mujer alguna dirección en Londres (donde el aborto era legal) podría haber entrado en la cárcel durante, al menos, seis años.

Todavía, recuerda las caras tan nerviosas de estas mujeres, pero en vez de irse, decidió traerles bebidas, chucherías y hacerles compañía. Esto se convirtió en algo ritual y, con el tiempo, él fue invitado a observar un aborto, el cual tenía lugar en la misma mesa en que solía comer.

Después, una de sus compañeras le preguntó si quería entrar en el grupo. Ya que estaba formado por mujeres, José explicó que “la propuesta de entrar en el grupo me había pillado de sorpresa”. Sin embargo, aceptó la invitación y aprendió cómo debía realizar los abortos.

Durante esta época en Valencia había tres clínicas que realizaban los abortos clandestinos. No había otras clínicas por toda España, así que Valencia servía como refugio para las mujeres que se encontraban a sí mismas con un embarazo no deseado. En esta clínica, José y sus compañeros les ayudaban a mujeres de todo el país.

Como resultado, José y sus compañeros sabían que había mujeres por todos lados que querían y necesitaban un aborto, así que buscaron otro sitio en el país para realizar los abortos.

El aborto llega a Sevilla

Pensaron en Madrid, Barcelona o Bilbao, pero al final decidieron ir a la ciudad del sur más grande de España: Sevilla.

Un equipo de cuatro personas llegó a Sevilla el 9 de enero de 1980. Ellos empezaron alquilando un piso en la calle Mateos Gago, la cual está cerca de la Catedral en la zona más turística de la ciudad.

 

La calle Mateos Gago, sitio de la Clínica Los Naranjos | Paige Mackenthun

Sin embargo, no realizaban los abortos en este edificio, sino en casas por toda la ciudad, como habían hecho en Valencia. Según José, “era demasiado peligroso realizar los abortos en un espacio tan céntrico por temor de ser descubiertos en el medio de un procedimiento”. “Dejar a una mujer en medio de una operación significaba dejarla con hemorragias”, dijo.

Así que, el piso en la calle Mateos Gago funcionaba más como una oficina de recepción para obtener información, hacer una revisión y concertar un aborto si la mujer fuera escogida. Usaron la aspiración para realizar los abortos, la cual era y sigue siendo segura, pero con este método, José y sus compañeros solo pudieron realizar abortos hasta las 12 semanas de gestación. Después de este límite, era demasiado arriesgado para la salud de las mujeres, y ellas tendrían que ir a Londres o Irlanda, donde se habían desarrollado y legalizado métodos de aborto para etapas más avanzadas.

En la puerta del piso, colgaron una plaquita que decía “Centro de Planificación Los Naranjos”, tanto para recordar que vinieron de Valencia como para hacer referencia al Patio de los Naranjos de la Catedral.

Además, como José explicó en su libro El aborto: historias de combate y resistencia, “no queremos llamarle centro de planificación “familiar” porque no vemos qué tiene que ver lo familiar con los derechos reproductivos de las mujeres”.

Una injusticia poética

En la clínica, realizaron abortos a 432 mujeres. Todo fue sin problemas, hasta el 21 de octubre de 1980. En este día, la policía entró en la Clínica Los Naranjos y detuvo a todos los profesionales, las mujeres y sus acompañantes. Había estado abierta por nueve meses, la duración de un embarazo. “Una injusticia poética”, comentó José con una sonrisa.

José y los otros que fueron arrestados en el caso de Los Naranjos | Foto cedida por JAL

Su juicio duró más de ocho años, pero al final, José y sus compañeros fueron indultados por el Gobierno Socialista. A pesar de que nunca pasó tiempo en la cárcel, dijo que su aparición en los periódicos complicó mucho buscar trabajo. De un modo, era víctima de una condena social.

En 1985, el aborto en España se legalizó en tres situaciones: para evitar un grave peligro para la mujer, violación o malformaciones en el feto. Después, en 2010, el aborto se legalizó por cualquier razón hasta las 14 semanas y hasta las 22 semanas en caso de riesgo fatal para la mujer o para el feto.

Aun con la apertura de nuevas clínicas para realizar los abortos legalmente, José nunca volvió a la práctica, pero su creencia en el derecho al aborto permaneció. Según él, “no hay nada que pueda cambiar la vida más radicalmente que un embarazo no deseado”. Sin embargo, sentía que su papel en el movimiento era el de “humanizar el aborto”, y no estaba tan interesado en convertirse en médico para realizarlos profesionalmente.

“No hay nada que pueda cambiar la vida más radicalmente que un embarazo no deseado”

El aborto en la actualidad

En Andalucía en 2022, había 18.757 abortos realizados, y las mujeres de edad entre 20-24 años eran el grupo de edad más numeroso. Aunque es legal ahora, grupos de extrema derecha, como el partido político Vox, han dicho públicamente que quieren prohibirlo tan reciente como este año. “Si pudiera, lo harían», José avisó, “pero hoy el feminismo es muy fuerte en España. No hay ningún tema que provoque más movilización que este”.

“Hoy el feminismo es muy fuerte en España”