El independentismo de Cataluña

Celebración del día nacional de Cataluña. || Feradz por iStock

«Defender la cultura catalana no significa dejar de formar parte de una España plural»

Analizamos, de la mano de César, un ciudadano de Cataluña, cómo se vive el procés hoy en día con las próximas elecciones

 Madison Powers | Sevilla

El proceso independentista sigue, hoy en día y a las puertas de las elecciones, dividiendo a la sociedad en Cataluña. César, un ciudadano catalán que quiere quedar anónimo por razones profesionales, dice que las opiniones sobre el proceso catalán han cambiado mucho en los últimos años. Él no apoya al independentismo, pero ha visto como ha dividido la sociedad catalana. “Mi opinión al respecto no es imparcial”, dice César. “Abiertamente simpatizo con la idea de una Cataluña unida a España y por lo tanto contraria a un eventual proceso independentista”.

Todavía tiene respeto por cualquier perspectiva. “Respeto todas las ideas y puntos de vista basados en la democracia y entiendo algunos argumentos del movimiento independentista catalán”, comenta César.

Independentismo: ¿sí o no?

Según una encuesta realizada en octubre de 2023 por la Generalitat de Catalunya, la generación Y o más conocida como “millenials” (de la que forma parte César) y la generación Z no tienen tanto interés en el proceso independentista como las generaciones mayores, nacidas antes de 1980. Además, otra encuesta reciente de Òmnium Cultural, un GNO de Barcelona, muestra que solo el 31% de los jóvenes menores de 25 años apoya a una Cataluña independiente.

César cuenta que en su familia, tiene dos hermanos y dos padres que emigraron de Andalucía como mucha de la población que ahora vive en Barcelona. “Los cinco siempre nos hemos sentido culturalmente españoles”, dice.

Sin embargo, “el proceso catalán”, como se denomina, ha causado alguna tensión entre los ciudadanos catalanes. César dice que los años más tensos, sobre 2014-2017, había presión y malestar. “Fui testigo de disputas, tensiones entre amigos o conocidos y puede que entre familiares por esta situación”, comenta César. Pero ese ambiente cambió en los años recientes. “Hoy en día se puede opinar distendidamente sobre cualquier postura o ideología”.

Manifestación en apoyo del independentismo en Barcelona. || Nito100 por iStock

Una historia tensa

Hubo unos referéndums en los años 2014-2017 cuando el conflicto estalló. En noviembre de 2014, hubo un referéndum simbólico que España consideró ilegal. En 2015, los separatistas ganaron las elecciones autonómicas. El 1 de octubre de 2017, los líderes catalanes que apoyaban la independencia tuvieron un referéndum total que también fue considerado ilegal por la corte de España. El parlamento de Cataluña declaró la independencia el 27 de octubre y Madrid disolvió el Parlamento y convocó la celebración de unas nuevas elecciones en diciembre.

Para César, fueron los años “más complejos y tensos”. Él opina que los sentimientos mostrados por las protestas eran representativos del mundo. “Supongo que el nacionalismo articula en las personas unos impulsos primarios que pueden causar situaciones violentas, la historia está llena de ejemplos”, dice César. Por ejemplo, el asesino de Franz Ferdinand en 1914, que comenzó la Primera Guerra Mundial o otro más peligroso: los Nazis de Alemania en el siglo XIX. “Esta situación política llegó a un punto donde ciertas o muchas personas veían una especie de dilema, de decisión a tomar entre España o Cataluña que conllevaba por defecto ese sentimiento tóxico de lo nacional llegando a generalizar o atribuir defectos generales a los simpatizantes del otro bando”.

Él comenta que la situación le causó mucho dolor. “Fue una sensación muy desagradable, no llegué a sentir miedo a una guerra pero sí me dolió ver a mi ciudad y a la sociedad partidas en dos”, dice.

Era un contraste grande de la historia reciente. “Apenas 30 años antes en Barcelona se celebraron exitosamente unos Juegos Olímpicos y el sentimiento general de amor a Cataluña y a España fue manifestado de una forma bella y natural”, él reconoce y confiesa que “por eso quizás me desoló tanto ver a la misma sociedad tan dividida después”.

César dice que la disolución del Parlamento catalán en 2017 fue por lo mejor. “El desenlace del Procés de 2017 creo que por suerte, ha hecho desistir a los partidarios de una independencia unilateral”, y que “hoy en día, vuelve a haber un ambiente ser más relajado para hablar y defender cualquier opción política y democrática” a través de los medios de comunicación.

Aunque en abril, el presidente de la Generalitat Pere Aragonès propuso otro referéndum en favor de la independencia, César no cree que se produzca. “El Estado [de España] articuló exitosamente los mecanismos que permitieron retomar el control de una forma que los ciudadanos catalanes entendieron suficientemente segura como para que cualquier nueva teoría independentista unilateral tenga un mínimo de ciudadanos dispuestos a seguirla”, mantiene.

Palau Generalitat de Catalunya. KarSol por iStock.

La cultura catalana

César piensa que el proceso catalán “fue un movimiento político que trató, mediante el llamamiento a la defensa de la cultura catalana, provocar una independencia unilateral de una región de Europa”. Para él, esta cultura es “individual y única”. Por eso, prefería una vuelta a las condiciones de décadas anteriores. “Considero que existe una identidad propia catalana y que de alguna manera su cultura está siendo absorbida por la española”, dice.

Él dice que, como espectador del proceso, fue interesante ver “como inicialmente se organizaron manifestaciones y actos festivos que pretendían inculcar en la población la idea de que algo nuevo vendrá de una manera sencilla y sin coste”. Pero ahora, la misma población, los votantes independentistas, “se muestran decepcionados y cansados al ver que aquel proyecto era inviable”.

El tema del independentismo continuará en los próximos años y pronto con las elecciones del 12 de mayo y el ciclo electoral. En resumen, la cultura catalana tiene que ser representada dentro de la cultura española. “Por lo que a mí respecta, la situación ideal sería aquella que tuvimos en los años 90”, dice César, “donde se podía defender una cultura catalana propia y a su vez parte de una España plural y culturalmente rica y variada”.