Los horarios sevillanos y americanos y su ‘toque’ en la salud
En un mundo donde el ritmo de vida está marcado por el reloj, los horarios moldean nuestra forma de vivir. Así lo explican Julia Roldan, Juanma Arévalo, e Isabel Strelneck, quienes reflexionan sobre cómo las rutinas impactan su día a día.
Sundee Win
Cuando pensamos en España y Estados Unidos, suelen surgir imágenes estereotipadas. Por un lado, la siesta, las cenas tardías y un ritmo pausado que invita a disfrutar la vida. Por el otro, días frenéticos, comidas rápidas y agendas ajustadas al minuto. ¿Cuánto de verdad hay en estas ideas?
Para los estudiantes, la vida en Sevilla no siempre es tan relajada como parece. Julia Roldan, estudiante sevillana de segundo año, describe una rutina diaria exigente: un comienzo temprano por la mañana, seguido de clases y horas de estudio en casa. <<Todos los días estoy enfocada en los estudios y no tengo mucho tiempo libre>>.
Isabel Strelneck, estudiante de intercambio estadounidense, experimenta una dinámica similar. En su tercer año de universidad, equilibra clases, deberes y actividades extracurriculares. Tampoco siempre siente que tenga tiempo para descansar. <<A veces mi cerebro está sobrecargado de trabajo, porque siempre hay algo que hacer>>, explica.
Por su parte, Juanma Arévalo, estudiante de Empresariales en Sevilla, describe un ritmo diferente. Un día típico para él suele tener 4 o 6 horas de clases, dependiendo del horario del día. Aunque actualmente está en exámenes finales, cuando no tiene que estudiar en casa, dice que queda libre de las 18:00, lo que le permite hacer planes.
Strelneck reconoce que, como estudiante de intercambio, su carga académica no es tan pesada. Esto le deja más tiempo para observar el ritmo de vida en su nueva ciudad y preguntarse: <<¿Qué estarán haciendo los sevillanos?>>
<<En mi escuela, en la ciudad, todos están siempre en la misión de ir a algún lugar, hacer algo, ir a clase, ir a trabajar, así que hay mucha presión. Aquí, siento que la gente está más enfocada en disfrutar de todo el proceso del día, con calma>>, dice Strelneck. Ha aprendido que está bien tomarse las cosas con más tranquilidad.
Otro aspecto único de la vida sevillana que ha observado es la siesta. <<Por lo general, no duermo la siesta a la hora normal, pero me doy cuenta de que cuando estoy fuera de casa durante ese tiempo, mucha gente no lo está>> explicó. Ha comenzado a incorporar este descanso más
tarde, después de clases, y dice: <<Me ayuda a recargar energías y sentirme más presente durante el resto del día>>.
Para Arévalo, la siesta no siempre es posible. <<Este semestre por culpa de mi horario, solo puedo lunes y miércoles, pero siempre que estoy en casa y me he levantado temprano en la mañana intento hacer siesta>>, dice. Roldán también valora la siesta, pero prefiere que no sea larga. <<Es importante aprovechar la tarde para los estudios para no atrasarse y cumplir con el programa del día>>, comenta.
Roldan comenta que acostarse tarde es común. <<Estamos acostumbrados a hacer las cosas más tarde, entonces yo creo que estamos muy acostumbrados de irnos a la cama más tarde, por lo que nos afecta en las horas de trabajo y estudio>>.
Arévalo lo atribuye a la siesta <<alarga el día hasta las 00:00 o 1:00>>. En verano, resalta que la siesta se convierte en una forma de «refugiarse» del calor intenso, y aprovechar las noches frescas: <<La temperatura suele bajar y puedes salir a la calle>>. Añade, <<Aquí todo el mundo se despierta para trabajar a las 7:00 o 8:00 de la mañana. Por eso muchas personas usan la siesta para recuperar esas horas de sueño>>.
Sobre el estereotipo de que los españoles siempre están saliendo de fiesta, Roldan lo considera una generalización. <<Hay muchas personas que, como yo, además de estudiar también trabajan, entonces no pueden permitirse mucho al salir de fiesta>>.
A pesar de ello, Strelneck encuentra en la vida nocturna sevillana uno de los aspectos “más interesantes” de su experiencia. Ha disfrutado la oportunidad de interactuar con los sevillanos y aprender sobre su cultura en algunos bares de estudiantes durante la semana.
Según Roldan, a pesar de lo ocupado que puede tener algunos de sus días, no es bastante en comparación con lo que ha visto en otras grandes ciudades como Madrid. <<Es un ritmo de vida demasiado tranquilo, es un ritmo de vida bastante normal>>.
Arévalo destaca un aspecto clave de la vida en la ciudad: <<aquí las personas valoran muchas cosas a parte del trabajo, como reunirse en bares para conversar, reir, ir a fiestas populares… El ritmo de vida de Sevilla me parece muy sano>>.