Este otoño los estudiantes han tenido muchas oportunidades de compartir sus opiniones y de alzar la voz ante las injusticias que se producen tanto dentro como fuera de España.
Kiera McLaughlin
El campus de la Universidad de Sevilla, US, es muy extenso, cuenta con más de 50.000 alumnos y 27 edificios por toda la ciudad, significando que la cultura es muy diferente al igual que la manera en la que los estudiantes reciben información. Basada en tu departamento, tu comunidad o tus clases cada semestre, la comunicación es difícil entre ellos.

Más temprano este semestre, a principios de octubre, se produjeron muchas protestas sobre la falta de comunicación y respuesta cuando dos estudiantes mujeres se sintieron incómodas con su profesor. El movimiento se llamaba “¡Basta de Represión!” y estaba enfocado en el acoso machista y en que hubieran sancionado a estas estudiantes de la US.
Organizada por el Sindicato de Estudiantes y los Libros y Combativas, los estudiantes estuvieron trabajando para que sus voces fueran escuchadas.
Carlos Ochoa, estudiante de la universidad y secretario general del Sindicato de Estudiantes, dijo que “para mí es importante porque entiendo que ni nos ponemos de perfil ante un genocido, ni podemos permitir que haya maltratadores que hagan que la vida de nuestras compañeras sea un auténtico infierno dentro de la universidad”.
Saliendo a las calles
Durante meses, estos grupos organizados por los estudiantes han continuado coordinando protestas que amplifican sus voces. Más recientemente tuvo lugar la huelga estudiantil en solidaridad con la gente en Valencia y la protesta por la falta de apoyo del gobierno en preparación de la inundación y después en la recuperación.

El 12 de noviembre, Sevilla fue una de las 33 ciudades que formaron parte de la protesta en España, y ellos ‘dejaron su marca’. En Plaza Nueva, cerca de la universidad, más de 100 personas se unieron a la protesta. Fue una mezcla de adultos y estudiantes que faltaron a sus clases. El Sindicato de Estudiantes tenía megáfonos para las consignas y proporcionaron los panfletos con información sobre su organización comunista. Entre gritos sobre el trato que la gente en Valencia merecen, el escenario estaba abierto para que los participantes compartieran su experiencia.
Los carteles llenaron la plaza que dejaban mensajes para el gobierno español, más específico, para Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana, y hacia Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno de España. Algunos dijeron: “El pueblo en el barro, los cerdos en el congreso”, “El pueblo salva al pueblo porque el gobierno se rasca los cojones” y se unieron bajo una misma proclama: “Mazón y Sánchez, dimisión y cárcel”.
Hablando con algunas de las estudiantes que participaron compartieron que estaban allí para “luchar en contra del auge del facismo en nuestro país. Protestar por el movimiento que hay ahora político que nos está perjudicando y lo que ha pasado recientemente ahora en Valencia”.
Natalia Rodríguez fue una de las alumnas que faltó a sus clases por la huelga aunque no forma parte del Sindicato de Estudiantes.
Ella dijo que la participación y voces de los jóvenes es importante para el futuro de España. “Pienso que hay que hacer algo. Pero si estamos en contra, de verdad tenemos que demostrarlo y no dejarlo pasar y ser cómplices silenciosos”.
Este sentimiento fue compartido por un organizador de la protesta. Oscar García, estudiante universitario y activista, explicó que la huelga fue para “mostrar la solidaridad que tenemos con la gente de Valencia que han estado organizándose, que han estado yendo pico y pala limpiando sus casas”. Él compartió la impotencia de los alumnos en conversaciones sobre el futuro de la nación. “Creo que la lucha que hace el Sindicato de Estudiantes es importante para mostrar cómo la juventud está haciendo esto y también para que los medios de ultraderecha tampoco se acojan a este tipo de protestas”.
Esto es, sin duda, una oportunidad para los estudiantes de la Universidad de Sevilla para participar de lo que pasa alrededor de ellos y ser parte de la discusión.
En el campus
Mientras las protestas del Sindicato de Estudiantes tenían éxito y quedaban recogidas en las páginas de los principales periódicos de la ciudad, como es el caso de Diario de Sevilla, hay otras opciones para los estudiantes para compartir sus voces e informar en su propia voz.

De regreso al campus, los alumnos tienen la oportunidad de escribir para la revista universitaria sobre temas de intereses y hacer su propio impacto en dentro la universidad. Hablando con Marta Aguilar Adame, la técnico especialista de la Universidad de Sevilla, explicó que la revista digital conocida como “Campus” no tiene muchos estudiantes que escriben en ella, pero siempre son bienvenidos. “Los alumnos pueden proponer temas, toda persona que forma parte de la comunidad universitaria puede proponer temas y de hecho nos llegan peticiones. Estamos abiertos a todo lo que nos quieran plantear.”
Y según Aguilar Adame, este es el punto de la revista para compartir información de interés para los estudiantes, profesores y toda la universidad. La comunicación entre los estudiantes y la administración es complicada con los roles tradicionales y la falta de tiempo libre que los alumnos tienen, pero hay muchas oportunidades para compartir sus opiniones, información importante y amplificar tu propia voz. Los alumnos podrían encontrar esas opciones en la revista universitaria, dónde Aguilar Adame trabaja para mantener una conexión con la audiencia juvenil. “Para mí, personalmente, yo creo que es importante crear un sentimiento de pertenencia del mayor público que nosotros tenemos dentro de la universidad, que son los estudiantes, y que la información que les interesa, que les afecta, que de alguna manera con la que se sienten reconocidos”.
En definitiva, para hacerse oír los estudiantes pueden ir a las calles para participar en la práctica de la libertad de expresión con las huelgas y protestas que reflejan sus experiencias y perspectivas o utilizar las revistas del centro educativo.
Como este semestre llega a su fin, los estudiantes continuarán aprendiendo y hablarán en contra de las injusticias del mundo sin miedo. Y como con todas las generaciones, estos estudiantes encontrarán sus voces.