El poder de un consentimiento sindudas: del “no es no” al “solo sí es sí ”

La legislación española reinterpreta la libertad sexual desde la perspectivafeminista, mientras que jóvenes como Sophia Zepeda reflexionan desdeEstados Unidos y Alexa Martín comparte desde Sevilla cómo esta ley generatanto orgullo como dudas en su aplicación. Ambas voces muestran cómo estamodificación legal podría influir en conversaciones más allá de Europa

Dayanara Diaz

“No fue consentimiento. Solo tenía miedo.” Esa frase fue repetida por muchas mujeres en losúltimos años, en testimonios desgarradores donde se cuestionaba por qué se necesitaba probar la violencia para reconocer una agresión sexual. España decidió actuar. En 2022, se aprobó la Ley Orgánica 10/2022, conocida popularmente como la ley del “Solo sí es sí”. Esta nueva legislación puso el ‘consentimiento afirmativo’ en el centro del debate legal y social. No más ambigüedades. No más “zona grises”. Solo un “sí” claro, libre y voluntario significa consentimiento. Como joven mujer latina viviendo en España por estudios, me ha tocado seguir de cerca esta conversación. Y al mismo tiempo, hablar con mis amigas de casa en Estados Unidos, como Sophia Zepeda, me hizo ver las diferencias profundas entre ambas culturas legales.

Este reportaje nace de las conversaciones, de la necesidad de entender cómo se protege, y la libertad sexual de las mujeres en diferentes contextos.

‘La manada’

En 2016, el caso de “La Manada” sacudió a España. Cinco hombres fueron condenadospor abuso sexual, pero no por violación, porque —según la ley en ese momento— no sepudo probar violencia o intimidación. Las protestas llenaron las calles con gritos de “Noes abuso, es violación”. Esa indignación colectiva sembró la base para una reforma legal.El resultado fue la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, aprobada enseptiembre de 2022. Esta ley eliminó la distinción entre abuso y agresión sexual.Actualmente, lo que establece si se cometió un delito no es la fuerza empleada, sino lafalta de consentimiento y cómo establece el texto legal, “el consentimiento solo seentenderá cuando se haya manifestado libremente mediante actos que, en atención a lascircunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona”.

Desde que se aprobó, la legislación ha sido valorada por numerosos grupos feministascomo un “progreso histórico”. De acuerdo con el comunicado presentado por laAsamblea Feminista de Madrid, “esta ley es el reflejo de años de reivindicaciones delmovimiento feminista para alcanzar la libertad sexual de las mujeres y enfrentarse lasviolencias sexuales”. Sin embargo, también ha habido mucha polémica. Algunos juecesinterpretaron la ley de forma que permitía reducciones de condenas ya impuestas, lo quegeneró alarma social y presión política. Esto llevó a una reforma parcial de la ley, quemuchas feministas criticaron por considerarla un retroceso y una falta de compromiso con el verdadero espíritu de la legislación original. Como mencionan en el manifiesto: «Aumentar las penas no nos protege. La protección efectiva de las mujeres se procura con las medidas que establece la ley, no con castigos simbólicos”.
La Voz de Sophia Zepeda
Para comprender con mayor profundidad cómo se contrasta esta normativa con otras circunstancias, conversé con Sophia Zepeda, una amiga que reside en Massachusetts. Ella está en la universidad de Boston College, y es activista por los derechos de las mujeres y género. Al relatarle la ley de “Solo sí es sí”, se quedó en silencio por un momento antes de decir, “en EE. UU, aún mantenemos la opinión de que el “no” es lo que importa. Si no dijiste ‘no’, algunos abogados o jueces pueden cuestionar si realmente fue violación. Pero a veces, las mujeres pueden estar en shock congeladas. A veces, no pueden decir nada. Me da rabia pensar que nuestro sistema no lo reconoce».  Sophia también reflexionó sobre lo que esta ley representa más allá de lo legal y dijo, “Me parece poderoso que elconsentimiento ya no sea una carga para la víctima, sino una responsabilidad para quien lo busca. En EE. UU., aún estamos atrapadas en la lógica de ‘¿luchaste? ¿gritaste?’ En cambio, esta ley dice: si no hubo un sí claro, no fue consentimiento. Punto.” Su testimonio me hizo pensar en cuántas veces, como mujeres, hemos dudado de nuestras propias experiencias porque el sistema nos obliga a justificar el dolor.
Cambio de conversación
Esta ley no solo cambia el código penal. Cambia la conversación. Obliga a hablar de consentimiento en las escuelas, en las universidades, en los medios, en nuestras casas. Nos obliga a dejar de asumir que el silencio o la pasividad significan acuerdo. En lugar de enseñar a las mujeres a protegerse, enseña a toda la sociedad a respetarlo. Además, la ley incluye medidas integrales de prevención, formación para profesionales y asistencia para víctimas. No se trata solo de castigar, sino de transformar. Como dijo el Ministerio de Igualdad al presentarla, el objetivo es “garantizar la libertad sexual como derecho fundamental.”
Más que una ley, una conversación global
En conclusión, la ley del “Solo sí es sí” representa mucho más que un cambio legal. Es un intento por sanar heridas colectivas, por redefinir lo que durante mucho tiempo se normalizó o se pasó por alto. Habla de justicia, pero también de dignidad. Y para muchas de nosotras, especialmente mujeres jóvenes, esta ley significa sentirnos por primera vez reconocidas por el sistema. No es una solución mágica ni perfecta, pero es un paso hacia adelante que no debería darse por sentado. Me hace pensar en cuántas veces nuestras experiencias han sido minimizadas por no haber gritado, corrido o habernos resistido. Y también me hace valorar el poder de la palabra sí cuando es dada con libertad, sin miedo ni presión.
Es triste saber que en muchos lugares aún se necesita una prueba física del sufrimiento para que se nos crea, cuando lo único que debería importar es nuestra voluntad. Hablar con Sophia me mostró que este cambio legal no es solo un tema español, sino una conversación global. Y al hablar con Alexa, una joven española que creció con estos debates en su entorno, entendí también lo que muchas aquí sienten: orgullo por el enfoque en el consentimiento, pero también frustración al ver cómo la mala aplicación de la ley ha generado desconfianza. Su opinión me hizo ver que esta lucha no es solo por tener leyes nuevas, sino por asegurarnos de quefuncionen, de que no pierdan su sentido en la práctica.
Porque no importa en qué país vivamos, todas queremos lo mismo: poder decir sí cuando realmente queremos, y tener el derecho de decir no sin tener que justificarlo. Espero que, con el tiempo, más sistemas legales se atrevan a escuchar a las víctimas, a aprender del pasado y a construir un futuro donde el consentimiento no sea un tema debatible, sino una base indiscutible de cualquier relación. La ley del “Solo es sí” nos da una nueva manera de mirar el consentimiento, pero también nos lanza una pregunta: ¿qué estamos dispuestos acambiar como sociedad para proteger de verdad la libertad sexual de las personas? Esa es la conversación que debemos seguir teniendo, aquí, en EstadosUnidos, y en todo el mundo.

 

La Voz de Alexa Martín
Mientras hablaba con estudiantes de aquí, una de las personas que más me llamó la atención fue Alexa Martín, una joven de 21 años que estudia Economía en Sevilla. Cuando le pregunté sobre la ley “Solo sí es sí”, me dijo que al principio le pareció un gran avance. “Por primera vez se hablaba claramente del consentimiento, y eso ayudó a que muchas conversaciones salieran a la luz”, me contó. Para ella, lo más importante era que la ley ponía el enfoque en si había un “sí” afirmativo, y no tanto en si la víctima se resistió. Sin embargo, también me dijo que entiende por qué ha generado tanta polémica. “El problema no fue la idea, fue cómo se aplicó. Al final, ver a agresores saliendo beneficiados hizo que muchas personas perdieran la fe en la ley”, comentó. A pesar de eso, Alexa no cree que se deba eliminar por completo. Más bien piensa que lo ideal sería reformarla, mantener lo bueno, y corregir los errores. Su perspectiva refleja cómo muchas jóvenes aquí sienten orgullo por el cambio que representa la ley, pero también frustración por las consecuencias inesperadas