Los ‘banqueros’ de los alimentos

La Fundación Banco de Alimentos de Sevilla es una organización imprescindible para las comunidades marginales de Sevilla, garantizando recursos tanto alimentarios como laborales a la gente.

Nuestro protagonista José Pedraza Pérez trabajaba antes en un Banco, ahora que se ha jubilado dedica su tiempo a otro tipo de ‘banco’: uno centrado en la beneficencia, la amabilidad y el trabajo en equipo. Gracias a la ayuda de José Pedraza me voy a convertir por unas horas en voluntario de su organización, y luego contaré cómo fue mi ‘aventura’ solidaria.

Timothy Quinn Martin

La primera vez que conocí a José, yo supe que era alguien muy especial. Como coordinador del Banco de Alimentos de Sevilla, parte de su trabajo consiste en visitar a centros docentes, donde sensibiliza no solamente sobre la realidad de la inseguridad alimentaria, sino también el maravilloso papel del voluntariado. Así fue su visita al centro de estudios de CIEE a principios de abril de 2025, cuando vino a mi clase para contarnos sobre el tremendo impacto de su organización en la comunidad de Sevilla. De inmediato, su altruismo y deseo de mejorar las vidas de los demás me causaron mucha impresión, y después de clase, me comuniqué con él para ofrecerme oficialmente como voluntario. Así que me embarqué en mi viaje con José en el Banco de Alimentos.

Encontrar el lugar adecuado no fue nada fácil. De hecho, la fundación se sitúa en Mercasevilla, una zona industrial afueras de la ciudad con ninguna opción de tránsito público. Tras dar muchas vueltas en el estacionamiento (y pitar a desconocidos para pedir direcciones), mi conductor de Uber finalmente me dejó enfrente del centro administrativo. Sin embargo, cuando llamé a José, me explicó que tenía que ir al almacén. Después de andar perdido por la zona industrial por unos quince minutos, finalmente le vi, y me saludó desde la distancia.

Desde el momento en que entré al almacén, comencé mi viaje de aprendizaje sobre la organización. La Fundación Banco de Alimentos, fundada en 1995, cuenta con 150 personas voluntarias estructurales. Bajo este paraguas de dirección descansan ocho categorías: gabinete técnico; captación de recursos y marketing; estrategia, finanzas, y operaciones; voluntariado y recursos humanos (donde trabaja José); organización y sistemas; operaciones de recogida de alimentos; entidades colaboradoras; y el programa de frutas y verduras. Es decir, la fundación involucra un ‘montón’ de voluntarios de todo tipo de formaciones.

De pronto, José me presentó a otro compañero suyo, Alejandro, que se dedica a la logística de las operaciones del almacén. Estaba entrenando a un nuevo grupo de voluntarios cuando lo conocí, y me pareció un hombre muy amable, inteligente, y altruista como alto (después me comentó José, “ya sabes porque no necesitamos escaleras”). Después, José me presentó a Ángel, un hombre que lidera y supervisa a grupos de voluntarios con compasión y un buenísimo sentido del humor. A mí parecer, en estos voluntarios estructurales descansa el espíritu de la organización, llena de generosidad, amabilidad y un deseo para ayudar a todos los demás.

Más adelante, José me mostró el área del almacén donde se reciben los cargamentos de donaciones. Me explicó que “cada semana, muchos camiones vienen para acá a descargar enormes cantidades de alimentos”, previniendo el despilfarro de la comida mientras a la vez sosteniendo a la población económicamente insegura. De hecho, es a través de los recibos en esta parte del almacén que la fundación ha sido capaz de alimentar a tantas personas, alcanzando 44.484 personas atendidas con 5.000.000 kilos de alimentos, por ejemplo, en el año 2023.

Además, en esta sección del almacén estaba trabajando un equipo de voluntarios especial. Como me explicó José, “la fundación ofrece un programa a individuos declarados culpables de delitos menores para ofrecerse como voluntarios y así reducir su condena”. Este grupo de chicos se había integrado como una familia a la fundación, tanto entre sí como con los voluntarios estructurales del almacén. Por pequeño que pueda parecer su impacto, el papel de estos chicos en el embalaje de los alimentos es fundamental para la cadena de suministro a las personas necesitadas. Además, José me explicó que más allá de las donaciones, el papel de este programa promueve la integración de estas personas en riesgo de exclusión social.

Ahora, me tocaba a mí echarles una mano. José y yo regresamos a la zona principal del almacén, donde descansan los miles de palés de alimentos. De hecho, el equipo que justo estaba entrenando Alejandro vino de una empresa local para un día de voluntariado. Según José, muchas empresas españolas ofrecen programas de voluntariado con la fundación para sus empleados, cultivando una cultura de trabajo muy positiva mientras apoyan a la comunidad. Muy pronto, todos nos hicimos amigos, y nos pusimos a trabajar bajo la dirección de Ángel.

La tarea a mano fue bastante simple. Nos tocó organizar palés de alimentos en el almacén según la cantidad pedida de un comedor público, involucrando mucho trabajo en equipo. Mejor dicho, esto involucraba encontrar el tipo de alimento pedido por la organización, mover una determinada cantidad del alimento a un palé, envolverlo, y después entregárselo a Ángel con su carretilla elevadora para cargarlo en el camión. Muchas veces, bromeábamos sobre el contenido de los alimentos. “¡Qué tomates tan pesados!” me comentó mi compañera Marina, esforzándose mucho para mover la caja. Por rutinarias que parezcan las tareas, el ambiente estaba lleno de entusiasmo y alegría, y gozamos mucho de ayudar a cada uno de nosotros, sabiendo que estábamos haciendo algo buenísimo para la comunidad. “Mucho mejor que estar en la oficina”, me comentó mi recién amigo

Álvaro, agradecido por esta oportunidad. Mientras trabajábamos, Ángel estaba vigilándonos para dar consejos y hacer bromas, contribuyendo a un ambiente muy positivo (a mí me daba apodos como “Anthony Quinn”). Además, nos dio un descanso en mitad de nuestra jornada con palmeras y agua, así que nos sentimos muy contentos y valorados.

Al final de mi día con José, le di las gracias por haberme recibido y mostrado todas las maravillas de la fundación. Queda claro que la Fundación Banco de Alimentos de Sevilla contribuye positivamente a la comunidad no solamente a través de proveerles de donaciones, sino también de fomentar un ambiente inclusivo de personas con las comunidades marginales, ya sea en forma de ofrecer talleres de trabajo a gente sin trabajo, talleres de cocinar, o puestos de trabajo para reducción de condenas. En fin, me causó muchísima impresión la generosidad de José. Como él me comentó al principio, “Si todos hacemos un poco, podemos hacer una gran diferencia”.