Intercambio de Idiomas: ¿Igualdad o Ineficacia? (por Thais Kolganov)

Los programas bilingües, promoviendo el aprendizaje de español e inglés, son cada vez más comunes en los Estados Unidos y España, respectivamente. ¿Cuáles son los impactos en los estadounidenses que trabajan en escuelas con programas de inglés como “Auxiliares de Conversación”, y son más favorables que el gobierno español esperaba para los estudiantes que sirven?
Autora: Thais Kolganov

En una competición global de popularidad de segundas lenguas, el español y el inglés serían, con mucho, unos de los ganadores dominantes. Pero, situados hombro a hombro, en la mesa de los chicos más cool, las dos lenguas no son rivales, sino iguales, quienes, ante todo, priorizan un intercambio lingüístico entre ellas mismas. La influencia del inglés en los países hispanohablantes, y el español en los países angloparlantes, es cada vez más evidente en los sistemas educativos de estos países. En los Estados Unidos, el español es la opción de segunda lengua más enseñada, y en España, es lo mismo con el inglés. Pero, con todo este enfoque en el valor de una educación bilingüe y la utilidad profesional de conocer una segunda lengua, ¿cómo se ve la realidad del funcionamiento de los programas educativos, creados (frecuentemente por iniciativas gubernamentales) para promover estas prioridades lingüísticas? ¿Son eficaces en transmitir los beneficios intentados a todos los participantes? ¿Y qué significa todo esto para el futuro de la relación entre el español y el inglés, como aliados en la escena mundial de segundas lenguas? ¿Seguirá usando – esta nueva generación de estudiantes – estas lenguas cuando terminan la escuela, para puentear la brecha entre la teoría y la práctica?

Una vez que se consideran las varias razones por las cuales la educación bilingüe, y el bilingüismo en general, es valorado en el mundo moderno (ventajas económicas, profesionales, socioculturales, de desarrollo cognitivo, y más), parece razonable el furor en las décadas recientes por la creación de programas que facilitan un intercambio lingüístico entre hispanohablantes y angloparlantes. Especialmente en los Estados Unidos (donde no solo es que el español es el idioma más hablado después del inglés, o que es la lengua secundaria que aprende la mayoría, sino también que, después de México, es el país con el segundo mayor número de hispanohablantes del mundo). El énfasis en la adquisición del español puede ser entendida como una adaptación necesaria a las realidades demográficas de la población. Mientras tanto, en un país como España, la inclusión de instrucción en inglés parece ser una adaptación a la realidad de que inglés (como segunda lengua) es la más conocida y usada en el mundo, y especialmente en el comercio. Y, la práctica de educación bilingüe (con cualquier combinación de lenguas dominantes y segundarias) es una de las que ha tomado por asalto la concepción moderna de la educación.

Si se pasa por una escuela pública en España (o una concertada, que recibe fondos del gobierno), es probable que, adentro, hay un aula donde el maestro está enseñando en inglés, pero una clase de inglés no es. Más probable, es una clase de ciencias, o de educación física, con instrucción en inglés (por lo menos parcialmente). De hecho, para una gran parte de estudiantes españoles, aparte de la escuela infantil, la instrucción de (y en) inglés dura desde la educación primaria (cuando empiecen a los 7 años), hasta el instituto más allá, si lo eligen. ¿Y por qué? Pues, se atribuye a un auge que ocurrió hace 20 años, en que los gobiernos regionales de España empezaron a permitir que las escuelas públicas y semiprivadas que reciben fondos públicos (conocidos como concertados) se inscriban en planes de educación bilingüe, de manera voluntaria. Desde entonces, se ha producido un aumento increíble, con 1,4 millones de niños inscritos en programas bilingües en el año académico de 2019-2020. Pero con la oleada de programas bilingües en España, lo que ha pasado es que el suministro no puede seguir el ritmo de demanda. Es decir, el número de maestros cualificados a enseñar inglés no alinea con el número de estudiantes que son esperados a aprender el idioma. Por eso, muchas escuelas, que antes se inscribían a los planes de educación bilingüe, han sido obligadas a elegir una de tres opciones: dejar, adaptar, o contratar. Para muchas escuelas donde la comunidad ha llegado a un consenso de que su programa bilingüe de inglés ya no funciona, los dejan, lo que es permitido bajo estas condiciones. Para otras escuelas que quieren continuar con el programa, pero cuyos maestros no tienen el nivel de inglés necesario para enseñar materiales académicos de alto nivel, se adapta el requisito de dominio a ser más bajo. Y – lo que pertenece en una gran manera a los estadounidenses – otras escuelas han contratado la ayuda de angloparlantes nativos, para servir como “Auxiliares de Conversación” con los estudiantes en las clases susodichas. ¿Son estos asistentes, sin títulos, la clave para los estudiantes españoles, tratando, a pesar de todo, de alcanzar lo que les pide su sistema educativo, y dominar el inglés? ¿O son los estadounidenses los que cosechan los beneficios de este acuerdo?

Luca Cavan, un recién graduado de 22 años de la Universidad de George Washington (ubicado en la capital de los Estados Unidos), es un Auxiliar de Conversación en Sevilla, que fue contratado por el Gobierno de España, por medio de un programa al que se presentó en febrero de este año. Antes, estudió “el habla, el lenguaje, y ciencias auditivas” junto con el español, pero, aunque intentaba estudiar en España durante su tiempo universitario, el programa en que debía participar fue cancelado cuando empezó la pandemia de COVID-19. “No sé por qué, pero cuando estaba buscando programas durante mi último semestre de estudio para poder vivir en un país hispanohablante, al principio no quería ir a Sevilla, porque esto fue donde intenté ir la primera vez. Pero al fin, como nos permitieron elegir qué región y que escuela queríamos ser contratados, no podía evitar el deseo de vivir aquí.”

De hecho, cuando se presentó al puesto de trabajo, fue la única opción que exploró.

Una obra inspirada por “Banksy” en una pared dentro la escuela en que trabaja Luca Cavan. (Foto tomada
por Luca Cavan.)

“Más o menos, tenía ‘todos mis huevos en una canasta’. Y, después de presentarme, no oí nada de ellos por meses, hasta mayo, cuando me dijeron que fue aceptado, y tenía 3 días para decidir si quería hacer el programa. Y porque quería vivir en España, y mi profesor había recomendado el programa, lo acepté, y me siento afortunado, pero también hay problemas que he visto en casi cada paso de este camino. Probablemente, lo debía reconocer cuando solo me dieron esta ventana de días muy pequeña,” él dijo, riendo tras una mueca.

Desde entonces, Luca se ha enfrentado a varias deficiencias en el programa, a pesar de su amor por la oportunidad de conocer a los estudiantes “amables y divertidísimos” con quien trabaja. La principal de ellas: desde que llegó en octubre, no ha recibido ningún pago de la asignación que se le había prometido. Los 700 euros que son el sueldo mensual para Auxiliares en su programa, a cambio por 14 horas de trabajo sobre 4 días de la semana, no han visto nadie de los que trabajan en Sevilla. “No es inaudito, esta situación. Sí, no hemos recibido ningún pago en 2 meses, pero varía en diferentes regiones, y fue peor durante otros años. Creo que Valencia realmente estuvo en las noticias porque algunos se sublevaron porque no habían recibido sus asignaciones en 3 meses. Así que, aún no estamos en este punto, pero lo estamos acercando.”

Pero desde su punto de vista, Luca no quiere preocuparse demasiado con eso, porque dice que reconoce como generoso es el estipendio, por lo poco que trabaja. Aun así, he empezado a trabajar virtualmente como un escritor de blogs para compañías con sitios en necesidad de puestos, al precio de 4 céntimos por palabra. Con la ayuda de este segundo trabajo y sus ahorros, ha sido capaz de pagar la renta y disfrutar la ciudad, como gana casi el mismo sueldo escribiendo que ganaría de la escuela, si hubiera sido compensado. “Nosotros no sabemos cuándo vamos a recibir los pagos, ni las escuelas, porque primero el gobierno de España les tiene que pagar, y luego tienen que pagar a nosotros las escuelas. Y alguien, de hecho, preguntó a un administrador por cuanto tiempo más se retrasará, pero le respondió que no sabían, pero si era urgente y necesitaba ayuda, podría preguntar a sus padres. Y eso no me parecía justo.” Pero aparte de la experiencia que ha vivido Luca con relación al funcionamiento del programa  como un Auxiliar (o, como él y sus compañeros se llaman, un “Aux”), ¿cuáles son las experiencias que los estudiantes españoles han vivido desde que le han conocido?

Una obra inspirada por “El Nacimiento de Venus” en una pared dentro la escuela en que trabaja Luca Cavan.
El instituto, además de ofrecer un programa bilingüe y uno de bachillerato, también promueve mucho las artes, lo
que fue una razón principal por la que había elegido Luca esta escuela. (Foto tomada por Luca Cavan).

“Cada semana, solo veo cada clase con las que yo trabajo como una o dos veces. Así que mi preparación no es muy complicada, a veces preparo una presentación o leo lo que me ha enviado un maestro de su plan para una clase, y entonces vengo y hablo con ellos. Esto es básicamente mi papel allí, hablar con los alumnos, y seguir lo que me piden los maestros. No sé, no hay un riesgo muy alto. Pero, a veces, me siento culpable porque parece que estoy ganando más del programa que ellos.”

Para Sabrina Engberg – quien está en su último año de estudio (de la educación primaria con un enfoque en el inglés como segunda lengua) en la Universidad de Washington, Seattle – es fácil sentir lo mismo. “Soy voluntaria en una escuela primaria en Triana, y me encanta lo que hago, los estudiantes son muy inteligentes y graciosos… Pero, como los veo solo una vez cada semana, como parte de una clase que estoy tomando aquí de enseñanza práctica, es muy difícil. Y es mucho más difícil también, porque bajo el modelo que tiene el programa de inglés allí, trabajo con los niños solo en grupos de dos, y me visitan en un aula separada de la principal por 15 minutos, y después regresan a la clase normal. Así que, aunque ya sé cómo preparar planes de clase, porque he trabajado antes en una escuela en los Estados Unidos, algunas veces se siente como que estos planes no sirven para nada. No creo que están ganando mucho con eso. Porque, además, su maestro de inglés estaba enfermo la mayoría del año, así que yo soy la única fuente de inglés que tienen.”

Pero, desde su experiencia, estudiando y enseñando en Sevilla, Sabrina cree que ha aprendido mucho que se puede aplicar a su carrera esperada como maestra de “ESL”. “Creo que, en serio, esta experiencia me ha forzado a pensar más, y ahora puedo adaptarme mejor a lo que enfrento, con las escuelas y también con el español. Ahora, creo que puedo entender mejor todos los dialectos de español, y como estudié también la lengua, pero no con tanta fluidez, esto me forzaba a practicar explicando mejor las cosas que no sé cómo decir. Y también, creo que es que yo entiendo mejor ahora la confusión que tiene un estudiante que está tratando de aprender una lengua al mismo tiempo de tener que memorizar el contenido de la clase, aparte del hecho de que está en inglés. Cuando reciba mi licenciatura después de graduarse, no voy a trabajar como maestra de inglés como segunda lengua, solo con los estudiantes que hablan español como primera lengua, sino los estudiantes que hablan cualquier idioma como su lengua materna, que no es el inglés, y es que creo que puedo entender esta experiencia más que lo he visto personalmente.”

Dado que los Auxiliares de Conversación – los que son contratados y los que son voluntarios (aunque ahora en Sevilla, la diferencia no es muy grande, como ninguno de los dos son pagados) – enfrentan a estos desafíos en su habilidad de ayudar los niños que están aquí para ayudar, ¿es probable que van a seguir trabajando en contextos donde ellos tienen que usar su segunda lengua: el español? Sí, y no.

A corto plazo, Luca, por ejemplo, tiene ganas de participar en su programa por lo menos una vez más, antes de regresar a los Estados Unidos. Después, es posible que vaya a regresar a la universidad para recibir su título de máster en patología del habla bilingüe. Para Sabrina, si no consigue ser una maestra de “ESL” en una escuela primaria, también le parece interesante ser una asistente lingüística para una compañía ubicada en otro país hispanohablante, donde ella podría ser una traductora o representante de inglés. Pero para ahora, están disfrutando el tiempo que les queda con los niños españoles que han conocido – para Sabrina, solo unas semanas, pero para Luca, un semestre (como mínimo) más.

Para ellos dos, su parte favorita de ser Auxiliar es cuando unos de sus alumnos se iluminan con orgullo cuando, finalmente, entienden una frase complicada que les habían dicho en inglés. Como un “aux”, cuando se siente alguna prueba de que su esfuerzo tiene un impacto real en los niños, los problemas con el programa se desvanecen al fondo, y todo lo que queda es la pura plenitud de poder marcar una diferencia.

¿Es fugaz, esta diferencia? Estos alumnos, levantando sus manos con el júbilo de sentir la ampliación de su dominio en inglés, ¿van a continuar persiguiendo este sentimiento, y estudiar y usar el inglés cuando ya no es obligatorio, nada más que una parte inevitable del sistema educativo en España? Pues, hasta que esta generación de estudiantes llegue a la línea de meta y levanten sus gorras de graduación al cielo, entrando entonces en el mercado laboral, adivinarlo es tan bueno como difundir un rumor en el pasillo.