Feminismo en acción: la lucha silenciosa desde el tejido asociativo de Sevilla

Desde la educación hasta la denuncia de la violencia machista, la Asociación Sevillana de ONGD impulsa un feminismo inclusivo y comunitario que transforma vidas como la de María, una vecina de Sevilla Este.

Annalise Thompson

«El feminismo no es una moda, es una necesidad urgente», afirma rotundamente Isabel Torres, coordinadora de proyectos de género en la Asociación Sevillana de ONGD. Pero para María Delgado, una vecina de Sevilla Este de 38 años, el feminismo no era algo que tuviera en mente hasta que vivió una situación que la hizo replantearse todo. «Yo no sabía que estaba viviendo violencia. Pensaba que era lo normal”, confiesa. Su historia es solo una de muchas que dan sentido al trabajo de esta ONG que no solo educa, sino que también acompaña.

Una historia que importa: María y el despertar feminista

María es madre de dos hijos y hasta hace poco vivía con su pareja en una relación que define ahora como “tóxica y silenciosa”. Control financiero, comentarios humillantes y una dependencia emocional fueron parte de su día a día durante más de diez años. “No había golpes, así que yo pensaba que eso no era maltrato”, cuenta. Fue una amiga del colegio de su hijo quien la animó a asistir a un taller sobre autoestima organizado por la Asociación Sevillana de ONGD en el centro cívico de su barrio.

“Allí, por primera vez, me sentí escuchada. No me juzgaron. Me ofrecieron información, herramientas, y sobre todo, me dijeron que no estaba sola”, recuerda. Después de varios meses de sesiones grupales, decidió separarse y comenzar una nueva etapa. “No ha sido fácil, pero ahora me siento libre. He vuelto a estudiar y estoy buscando trabajo. El feminismo, para mí, fue una salvación”.

Desde la raíz: el enfoque de la ONGD

La Asociación Sevillana de ONGD agrupa a más de 50 organizaciones dedicadas a la cooperación y la justicia social. Uno de sus pilares es el enfoque de género. Según Isabel Torres, su objetivo es promover una transformación que no sea solo legal o institucional, sino también cultural y emocional.

“Queremos que mujeres como María no solo salgan de situaciones de violencia, sino que también se reconozcan como sujetas activas de cambio”.

A través de proyectos como “Educando en Igualdad”, imparten talleres en colegios, institutos y centros vecinales para generar conciencia desde edades tempranas. También ofrecen formación a profesionales, padres, madres y líderes comunitarios. “El cambio no puede ser solo individual. Tiene que ser colectivo”, afirma Isabel.

Violencias normalizadas: desmontando mitos
Manifestación en 2020 en el Día de la Mujer en Madrid. © EFE

Uno de los mayores retos que enfrentan, según la asociación, es la naturalización de ciertas violencias. “Muchas mujeres creen que si no hay golpes, no hay maltrato”, dice Isabel. En el caso de María, su pareja controlaba su dinero, decidía con quién podía hablar, y la menospreciaba constantemente. “Llegué a pensar que todo era culpa mía”, dice.

Desde la ONGD trabajan para nombrar estas violencias cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas: la infantilización, la invisibilización, la presión estética, entre otras.

“Cuando las mujeres empiezan a ponerle nombre a lo que sienten, es cuando pueden empezar a cambiarlo”, concluye Isabel.

Juventud y resistencia digital

El movimiento feminista también crece entre la juventud sevillana. Según Isabel, muchas adolescentes están encontrando en las redes sociales una herramienta para expresar sus ideas, compartir experiencias y construir comunidad. “Hacen campañas, difunden recursos, se movilizan”, explica.

A la par, reconocen que hay una ola de discursos antifeministas que están ganando terreno. “Por eso seguimos insistiendo en la educación, en el pensamiento crítico y en la escucha”, añade. María, ahora voluntaria en su centro cívico, ha comenzado a dar charlas sobre su experiencia. “Si mi historia puede ayudar a otra mujer, entonces todo ha valido la pena”, afirma con una sonrisa tímida.

El feminismo en Sevilla no es una abstracción, ni una teoría que se queda en el papel. Es acción concreta. Son historias reales como la de María. Es una red de apoyo que se teje desde la escucha, la educación y la valentía de mujeres que se atreven a romper el silencio.

Como dice Isabel Torres: “Nuestro trabajo no es salvar a nadie. Es acompañar, empoderar, y recordarles a las mujeres que siempre han tenido la fuerza dentro. Solo necesitaban saber que no estaban solas”.